Historia

LA MÚSICA EN LA DIVISIÓN AZUL POR ANTONIO MENA CALVO (II parte)

En el 77 aniversario de la gesta más épica de la División Azul durante toda su campaña soviética, reproducimos un artículo de nuestro director del coro, Comandante Mena, acerca de la Música de la División, que es continuación del añadido en nuestra página web hace unos meses.

Introducción

En el repertorio de himnos, marchas y canciones militares las composiciones españolas que atraen más la atención de los divisionarios y las que más se interpretan son: «El Himno de la Academia de Infantería», las marchas «San Marcial», «Heroína» y «Badajoz», los pasodobles «Los voluntarios» y «De los quintos», de «La bejarana» y los himnos y cantos legionarios.

La música italo-alemana

La presencia en la Falange de música proveniente de Italia y Alemania data de los tiempos fundacionales; José de Arriaca en su «Cancionero de Juventudes» nos dice que el auditorio juvenil que asiste a: acto constitutivo del SEU (Sindicato Español Universitario) de Valladolid, celebrado en el cine Hispania el 21 de enero de 1.935, tras escuchar entusiasmado las palabras de José Antonio, sale a la calle cantado un nuevo himno, con música del repertorio de las Juventudes alemanas, conocido entre nosotros como «Himno de las antiguas JONS de Valladolid» cuya letra empieza:

Amanece para mi
un día de gloria, de justicia y paz.
Bajo la bandera roja y negra iré
a luchar a vencer
y morir sin tardar.

Y más adelante:

Escuadras son
las milicias jonistas
que con ardor combaten al marxismo…

A este himno, en el que se reflejan las eternas ansias de justicia de la juventud falangista y su actitud combativa frente al Marxismo, al que consideran ene migo implacable de la Civilización Occidental y Cristiana, seguirán otras muchas canciones cuya música y a veces la letra está tomada literalmente del cancionero de las Juventudes Hitlerianas, de las SS y de la Wehrmacht.

Este fenómeno de asimilación e incluso copia literal de texto y música es perfectamente comprensible por razones ideológicas y estéticas. En el primer caso vemos que la Falange —motor y horizonte ideal en buena parte de la División Azul— se halla mucho más identificada con los jóvenes y prometedores idearios del Nacional Socialismo alemán y del Fascismo italiano que de las viejas y fracasadas ideologías del Marxismo y del liberalismo democrático.

En cuanto a la estética, ya hemos dicho que la música militar alemana y por ende, la paramilitar de las organizaciones juveniles del Partido Nacional-Socialista, es, en líneas generales, técnicamente perfecta, posee una gran belleza y su fuerza y empuje son inigualables, virtudes suficientes como para que cautivaran a los jóvenes nacionales de los años 30 y 40 no sólo de España sino de todas las naciones que luchaban contra el Comunismo y sus democráticos aliados.

Durante la Guerra de Liberación el repertorio de canciones falangistas se enriquece a través del con-tacto con los alemanes e italianos, naciendo canciones como «Soldado de Franco», con música del «Horst Wessel», «voluntarios falangistas», cuya música proviene del Himno del Movimiento Fascista «Giovinezza», himno juvenil por excelencia, como se desprende de su propio nombre. Este himno fue junto al “Cara al sol”, «Oriamendi» y el «Himno de la Legión», el canto marcial más difundido durante nuestra Guerra de 1.936-1.939. En la Campaña de Rusia, los divisionarios le cambian el título de «Giovinezza» por el de «Voluntarios en la estepa», conservando el texto original para la letra del estribillo que dice así:

Voluntario falangista,
que en empresa de destino universal
en tu puesto de servicio a España engrandecerás

Y más adelante

Nada nos importa el frío,
teniendo la sangre ardiente;
si se nos hiela el fusil,
el machete es suficiente.

No hace falta la trinchera
al que lucha en la batalla
con el pecho al descubierto
y gritando: ¡Arriba España!

La terminación de nuestra Guerra en 1.939, coincide con el auge artístico de Alemania alcanzado en todos los órdenes, pero especialmente en el musical donde triunfan grandes compositores como Richard WAGNER, Carl OFF y Hans PFITZNER, directores de la talla de FURT WANGLER y Herbert von KARAJAN, sin contar con otros músicos notables como César BRESGEN, WAGNER EGK, Helmut BRAUTIGAN, autor de la «Cantata militar» y Hems NIEL, compositor de numerosas marchas militases del III Reich.

Desgraciadamente el manto de silencio impuesto sobre este período histórico de Alemania, incluida su faceta cultural, por los senadores de la II Guerra mundial, nos impide conocer los autores y las obras que se produjeron, únicamente nos han llegado algunas canciones y marchas de los centenares escritos entre los años 1.933 a 1.945.

En España con la victoria de las armas nacionales surge asimismo una verdadera eclosión en el campo de la música vocal que se proyecta hacia dos vertientes perfectamente diferenciadas: la de la canción española en sus facetas popular y folklórica, y la juvenil que nace en los círculos falangistas de la Organización Juvenil (OJ) y posterior Frente de Juventudes creado en 1.940.

En el copioso repertorio que surge, la adaptación de canciones alemanas sigue ocupando un lugar de primer orden, como obras más representativas de esta época recordamos: «Fidelidad», más conocida por «Es tan hermoso ser cadete», «La Centuria Ruiz de Alda», «Una España mejor», «Cruzada de juventudes» y «El buen camarada», conocida por «Yo tenía un camarada».

Todas estas canciones fueron entonadas por los voluntarios falangistas en los caminos, pueblos y ciudades de España, Alemania y Rusia, pero de ellas es «Yo tenía un camarada» la que incide con mayor profundidad en el espíritu juvenil y alcanza una gran difusión durante los años de permanencia de la División Azul en Rusia.

 

Una canción juvenil: himno a los caídos

Todos los ejércitos del mundo rinden homenaje a los soldados muertos en combate mediante la articulación de una liturgia religiosa y otra de carácter militar en la que los himnos, marchas y canciones tienen un lugar preferente.

De todas las composiciones dedicadas a los Caídos, es posiblemente la canción “Yo tenía un camarada” la que ha alcanzado mayor fama internacional. Esta obra fue compuesta en el siglo XIX por Federico Silcher, gran músico alemán que dedicó su vida a la composición y división del heder’ tradicional. La letra se debe a otro gran autor, Luis Uhiand, famoso poeta y filólogo de Turingia que inició el paso del romanticismo a la germanística.

«Yo tepir ‘In camarada», aunque en fecha temprana se incorporó al cancionero del ejército alemán, ro fue hasta los años treinta del presente siglo cuando alcanzó el renombre internacional y cuando un régimen político, el nacional-socialista, la consagró como Himno a los Caídos en el campo de batalla.

La canción «El buen camarada», nombre primitivo de esta composición, empezó a conocerse en España durante nuestra Guerra, preferentemente en los medios falangistas. Ya en la década de los cuarenta, los oficiales y soldados que combatían en la División Azul la introdujeron en sus unidades. Tras la consiguiente traducción al español y efectuadas algunas modificaciones en el ritmo y en la melodía, en nuestra opinión totalmente desafortunadas, «Yo tenía un camarada» pasa al repertorio musical del ejército y del Frente de Juventudes.

Música de carácter religioso

Desde la creación de los Tercios Españoles en el siglo XVI, un sentido espiritual y religioso ha presidido la andadura de nuestros ejércitos; este espíritu es tal vez más acendrado en la campaña de Rusia que al igual que en la de España de 1.936 a 1.939, adquiere nuevamente aires de Cruzada. No poseemos datos sobre los himnos y canciones religiosas de la División Azul, pero suponemos que interpretarían obras análogas a las del resto de las unidades españolas de aquellos años, centradas en su mayor parte en el rito de la San-ta Misa y más concretamente en la Sagrada Eucaristía.

De lo que sí tenemos noticia y documentación es del amplio repertorio de villancicos —vieja tradición en los ejércitos—, muchos de ellos publicados en el periódico divisionario «La Hoja de Campaña», alguno auténtica joya literaria, lo cual no es extraño, dado el alto porcentaje de escritores poetas encuadrados en la División. Al lado de estas piezas literarias se conocen y cantan los villancicos de siempre cuya letra, lógicamente, se adapta al momento, como esta que dice:

Esta noche es Nochebuena y aunque en Rusia me cogió
voy a pescarme una “curda” “prima” “gut” y “jabasó”.
Dale a la zambomba dale tú al rabel.
Y nos despistamos del Cabo Furriel.

Los Reyes Magos son motivo de letrillas como estas:

Melchor y Gaspar tuvieron una seria discusión
y Baltasar asustado
gritaba: ¡A mí La Legión!
Los Reyes tienen camellos y los camellos jorobas
y los guripas payencas y las payencas károbas

El ambiente navideño, las largas caminatas, los ratos de descanso y, cuando podían, la fiesta o la juerga, propician la creación de un extenso repertorio de canciones alegres, ingeniosas, románticas, desenfadas y hasta procaces, pues cada situación y cada momento tienen su música. Como canciones más divul-gadas de la faceta festiva de la División Azul, comenzaríamos por la “Polka del barril de cerveza” a la que se pusieron las letras más dispares como aquella que nos habla de los mosquitos, torturadores constantes de nuestros soldados y que decía:

Blau División
no hagas más el melón
despistate a Riga
o Kónigsberg Preparate a ver helado el Volchov
pues vas a pasar por “lila”
otro invierno en Novgorov.

Mosquito, mosquito
ya me tienes más que frito
vete con otro un ratito mosquito, mosquito,
¡No seas tan cabezón!

La mayor parte de estas canciones tomaban la música de las canciones de moda como «La Parrala», «En los jardines de Granada» o «La Palomita». Evidentemente el valor artístico de estas canciones es nulo pues corresponden a un subgénero musical que nosotros denominamos música cuartelera, aunque más veces se oye fuera que dentro de los recintos militares, sin embargo este subgénero posee un alto valor sociológico y hasta semántico que merece nuestra atención. En este tipo de composiciones se reflejan las filias, las fobias, las inquietudes y las vivencias de nuestros soldados y del momento histórico en que se producen.

Entre las canciones picarescas, siempre abundantes entre los soldados, recordamos aquella de:

Por la calle Nueva
marcha el Batallón
y las chicas salen
corriendo al balcón
UNO DOS

Si miras pa arriba,
le vas a ver la liga,
te vas a marear,
corre, corre,

Si bien este tipo de canciones, como ha ocurrido en todas las épocas y en todos los ejércitos, se prodigan en las filas divisionarias, no es menos cierto que las que aluden a la mujer en unos términos románticos y espirituales, son las que verdaderamente arraigan en el alma del soldado.

Los ejemplos de esta clase de canciones son numerosos, en su mayor parte, como es lógico, con nombre de mujer como las «Ana», «Erika» y «Lore», que en español sería la famosa «Sole, sole» o «Soledad», del Ejército alemán; la «Chaparrita» y «La Madelón» legionarias, la «Katiusha» de los rusos y así tantas y tantas canciones españolas o extranjeras adoptadas por nuestros soldados.

De todas estas canciones la que alcanzó sin duda el primer puesto fue la famosa «Lilí Marlen» de la que se han hecho varias versiones, entre otras las del Brigada José Laso de la Vega y la de Erich Klein Essen, pero la que gozó de mayor popularidad, especialmente en las filas falangistas, fue aquella que dice:

Al salir de España, con mi División
sola se quedó la niña de mi amor.
Cuando partía el tren de allí
le dilo así mi corazón:
Me voy pensando en tí,
adios Lilí Marlen

El himno de la División Azul

En homenaje a los voluntarios españoles en Rusia, José María Alfaro y Agustín de Foxá, escribieron el “Canto a la División Azul» al que puso música, Juan Tellería, autor asimismo del «Cara al sol».

Este canto pasaría a ser considerado como «Himno de la División Azul»: se interpretó por primera vez en un festival homenaje a la citada Unidad, que se celebró el día 8 de diciembre de 1941 en el Teatro Calderón de Madrid.

Curiosamente esta composición fue más un himno de la retaguardia española que del frente del Este, al cual no llegó hasta el relevo de la que pudiéramos llamar segunda División, mandada como sabemos, por el General Esteban Infantes. Antes que los divisionarios, es posible que el «Canto de la División Azul» lo conocieramos el resto de los españoles pues yo recuerdo que todas las noches cuando Radio Nacional emitía el «Parte de Guerra», de la División Azul, terminaba dicho mensaje con el citado Canto.

La letra de este himno es muy hermosa pero quizás excesivamente complicada para hacerlo popular es tal vez por esto por lo que donde adquirió verdadera carta de naturaleza fue en los campamentos y hogares de las falanges juveniles de Franco, muchos de cuyos mandos habían luchado en Rusia.

A modo de homenaje

No quisiéramos que el lector se llevase la falsa imágen de unos divisionarios que sólo supieran cantar y parlotear, antes bien, hemos de rendir un homenaje de admiración, gratitud, respeto y amor a los miembros de la gloriosa División de Voluntarios Españoles de la Wehrmacht que cumplió las misiones que se le encomendaron más allá de lo que humanamente se podía exigir.

Nuestra admiración por los innumerables hechos heroicos realizados en la cabeza de puente del río Volchov, en Possad, lagos limen y Ladoga y en la terrible y desigual batalla de Krasny Bor, en la que 5.101 guripas, como se llamaba cariñosamente a nuestros soldados, de un sólo Regimiento luchan contra 44.000 de la Guardia Roja, o la última acción heroica de las escuadras azules en defensa de la Cancillería alemana en las últimas horas que precedieron a la caída de Berlin.

La concesión a los Generales, Jefes, Oficiales, Suboficiales, Clases y Tropa de 8 Laureadas, 53 Medallas Militares, incluidas las 11 concedidas a la Es-cuadrilla Azul, 2 Cruces de Hierro de Caballero, 13 de 1.0 Clase y 2.362 de 2.a Clase, son la prueba más fehaciente de la alta calidad militar y humana de los divisionarios.

Antonio Mena Calvo
Capitán de Infantería (R)
Profesor de Historia y Estética de la Música Militar

 

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