Historia

LA MÚSICA DE NAVIDAD EN EL ÁMBITO MILITAR

Introducción

Los temas relacionados con el nacimiento de Cristo han atraído desde hace siglos la atención de artistas y hombres de letras, pero también del pueblo llano, que ha exteriorizado su fe a través de una serie de hábitos y costumbres de distinta naturaleza, entre ellas la de cantar al Niño Dios, lo que ha dado lugar a la creación de una serie de formas musicales de las que destaca el villancico.

Los orígenes de esta forma son inciertos, pero su raíz es indudablemente popular. Según Sánchez Romeralo, hacia la mitad del siglo XV «aparecen unas misteriosas cancioncillas que en el estilo y la lengua están muy lejos de la poesía cortesana de la época». Estas composiciones, breves y sencillas, tratan en principio de temas amorosos, pero ya en el siglo XVI su temática se diversifica componiéndose villancicos costumbristas, históricos, militares, galantes y religiosos.

Así como ocurre con otras ramas de la música vocal, como es el caso de la tonadilla escénica de finales del siglo XV, el villancico se eleva en la escala social y penetra en los salones de la nobleza y de la alta burguesía. Los primeros villancicos de los que tenemos noticia que rompen el molde popular son los que se atribuyen al Marqués de Santillana. Durante nuestro Siglo de Oro, prácticamente todos los autores, grandes y pequeños, cultivan esta forma musical.

 

Villancico de armas

Los temas relacionados con el nacimiento de Cristo han atraído desde hace siglos la atención de artistas y hombres de letras, pero también del pueblo llano, que ha exteriorizado su fe a través de unaserie de hábitos y costumbres de distinta naturaleza, entre ellas la de cantar al Niño Dios, lo que ha dado lugar a la creación de una serie de formas musicales de las que destaca el villancico.

Los orígenes de esta forma son inciertos, pero su raíz es indudablemente popular.  Según Sánchez Romeralo, hacia la mitad del siglo XV «aparecen unas misteriosas cancioncillas que en el estilo y la lengua están muy lejos de la poesía cortesana de la época».  Estas composiciones, breves y sencillas, tratan en principio de temas amorosos, pero ya en el siglo XVi su temática se diversifica componiéndose villancicos costumbristas, históricos, militares, galantes y religiosos.

Así como ocurre con otras ramas de la música vocal, como es el caso de la tonadilla escénica de finales del siglo XV, el villancico se eleva en la escala social y penetra en los salones de la nobleza y de la alta burguesía. Los primeros villancicos de los que tenemos noticia que rompen el molde popular son los que se atribuyen al Marqués de Santillana. Durante nuestro Siglo de Oro, prácticamente todos los autores, grandes y pequeños, cultivan esta forma musical.

La estructura dialogable de este villancico hace suponer que debió ser escenificado y representado en la fecha de la toma de Granada (1492), marcando una dirección que seguirían los autores de los siglos XVII al XIX.

En línea con la anterior composición, Juan Budrieu escribe la cantada «Oid, oid», inspirada en la Batalla de Lepanto (1571), cuya letra, que transcribimos de la «Historia de la Música Militar de España», de Ricardo Fernández de Latorre, dice así:

Oid, oid los qu’n la yglesi’ aveis nascido y os cobijays debaxo de su manto
las buenas nuevas que nos han traído de allá de la Morea y de Lepanto.

Sobre el mismo tema existe en el Monasterio de El Escorial una ensalada dedicada al nacimiento de Cristo y a la victoria de Lepanto, formada por un villancico portugués, «Villancico muy devoto a Nuestra Señora» y «Ensalada de la Victoria». (Como se desprende de su propia denominación, la ensalada es una mezcla de motivos musicales, ritmos y vocablos de épocas distintas y lugares diversos).

A finales del siglo XVI, en determinadas festividades religiosas, se inicia la costumbre de sustituir los tradicionales responsorios de los oficios de maitines por villancicos. Esta costumbre se va extendiendo durante el período Barroco en toda España. Los maestros de capilla de las catedrales, colegiatas, etcétera tienen que componen villancicos para las fiestas más señaladas del año litúrgico, como Navidad, Reyes, Corpus Christi, y los respectivos Santos Patronos de las iglesias y determinadas institucionales, incluida la militar. Este hecho favorece la composición en los siglos XVII y XVIII de un ingente repertorio de villancicos, que hoy se hallan en gran parte en la Biblioteca Nacional.

La estructura del villancico barroco se distancia sensiblemente de su antecesor renacentista, llegando a convertirse en una composición cada vez más compleja, con recitativos, arias, coros, seguidillas, etcétera, susceptible de ser escenificado. En forma similar a los oratorios españoles de esta época, también los villancicos barrocos abordan temas épicos y marciales sacados de la Biblia, como «El triunfo de Moisés», «Heroico Gedeón» o «David triunfante».

 

Villancico de batalla

Como estamos viendo, en cada período histórico nace y se desarrolla una clase distinta de villancico, y dentro de esta forma musical, los de carácter épico y militar. Así el villancico de armas corresponde al género de villancico profano de los siglos XV y XVI, pero que sobrevive hasta el XVIII. El villancico de batalla pertenece a la corriente del religioso propio de los siglos

XVII y XVIII, y el villancico militar a la modalidad religioso-popular de los siglos XIX y XX de temas navideños, que es el que todos conocemos por haber llegado hasta nuestros días.

En los villancicos de batalla y en los oratorios marciales nos encontramos a veces que se entremezclan temas navideños con sucesos políticos y militares, como en los de «La toma de Alicante», «La conquista de Buda» o «El sitio de Viena». Esta mezcla de temas, en ocasiones contrapuestos, la encontramos en muchos villancicos andaluces. Entre el mundo teológico sacramental y la institución castrense se establece en los villancicos de batalla una alegoría o nexo conceptual, a través del cual los autores evocan ideas, imágenes y palabras de índole militar. Como ejemplo podríamos citar infinidad de villancicos cuyo título es harto elocuente: «Al arma, sacras milicias», «Celestes militares», «De Belén las centinelas», «En las celestes campañas», «Soldadico que vienes desnudo», y así sucesivamente.

Esta clase de villancicos se interpretaban preferentemente en las fiestas de Navidad, Reyes, Inmaculada Concepción, Santiago y San Fernando, que correspondían a la Pascua Militar y al día de los Santos Patronos de las Armas, Cuerpos y Servicios. Alguna unidad militar, como el Regimiento de Caballería Órdenes, de guarnición en Olot (Gerona), en 1737 ofrece en la Iglesia Parroquial de esta villa los siguientes villancicos: «El Gran Dios de las Batallas», «Resuene en confín» y «Así las órdenes rige».

En el «Catálogo de Villancicos y Oratorios en la Biblioteca Nacional, siglos XVII XIX» aparecen unos «Alegóricos métricos rasgos, que se han de cantar enla… profesión de Sor María Joachina, religiosa en su convento de San Julián Mártir… de Valencia, en el 11 de diciembre de 1768». Estos alegóricos métricos, escritos por «un ingenio militar», son en definitiva la letra de los villancicos que se interpretaron en la citada profesión de Doña Joachina de Molina Sierra, hija del Teniente coronel sargento mayor de Plaza. Por éste y otros documentos análogos hemos llegado a la conclusión de que en actos religiosos relacionados con personalidades del Ejército o sus familiares se interpretarían villancicos de batalla.

 

Villancico Militar

En la evolución del villancico marcial que guarda un cierto paralelismo con el de la Misa de armas, de batalla y militar, a principios del siglo xix y coincidiendo prácticamente con la Guerra de la Independencia de 1808-1814, nace el villancico militar, cada vez más distante del barroco de batalla de los siglos anteriores, aunque ese se sigue interpretando en las iglesias pero cada vez menos. El villancico militar posee una estructura mucho más sencilla que sus homólogos precedentes por su extracción y carácter más popular. Su temática guarda una relación más estrecha con la vida del soldado y su circunstancia, característica que se irá agudizando con el paso de los años.

La guerra contra la invasión napoleónica dio lugar a la composición de cientos de himnos y canciones de todos los géneros musicales, entre ellos el villancico, que puede ser político-militar, cívico-militar y castrense. Á este último pertenece la denominada «Pastorela patriótica», que dice:

Corramos españoles al campo del honor
y suene en toda España el eco del cañón.

Viva Fernando augusto y viva la Nación
y mueran los esclavos del vil Napoleón.

Tras la Guerra de la Independencia, son las guerras carlistas otro vivero inagotable de hallazgos literarios y musicales, entre los que no puede faltar el villancico. En el «Cancionero Popular de la Tradición», publicado en 1951, hallamos un ejemplo paradigmático de este tipo de composición en estas estrofas:

En esta noche tan fría
ante el humilde portal,
los requetés de Navarra
nos ponemos a cantar.

Si en Belén hubiera habido
requetés y margaritas,
no naciera el Niño Dios
en tan humildes pajitas.

La Guerra de Liberación de 1936-1939 y ya, por último, la Campaña del Este de la División Azul, en el transcurso de la 1ª Guerra Mundial, dieron ocasión a la creación de muchas canciones navideñas. Durante nuestra contienda los soldados, requetés y falangistas entonaban el día de Nochebuena los villancicos tradicionales, aprendidos en sus lugares de origen, pero también otros compuestos para el momento. En su mayor parte, estas composiciones navideñas se cantaban con la música de los cantos tradicionales, pero cambiando la letra, que se adapta a cada circunstancia y a cada cuerpo o unidad. En el caso de las Milicias de Falange Española de las JONS y de la Comunión Tradicionalista, las letras de sus villancicos compaginaban las ideas religiosas y las políticas, como en estos dos ejemplos:

San José era requeté
y la Virgen margarita;
el Niño Jesús, pelayo:
¡Vaya familia carlista!
Niño Divino, Jesús, mi bien;
ampara y guarda al requeté.

Por su parte, los falangistas tienen su réplica en este otro villancico:

San José era de las CONS
y la Virgen falangista
y el Niño Jesús flechilla
y Santa Ana jonsista.

(CONS: Central Obrera Nacional-Sindicalista).

Estas letras que pueden parecer irreverentes, cosa que no discutimos, ponen de manifiesto la profunda identificación del pensamiento de nuestros soldados con el hecho religioso, al cual no son ajenos sino todo lo contrario. De ahí esa familiaridad con el misterio del nacimiento del Hijo de Dios que hacen como suyo, aunque sea de forma desenfadada, pero que oculta un auténtico fervor cristiano, que se acentúa en los momentos críticos que depara todo conflicto armado.

 

La División Azul

En el amplio repertorio de la División Azul encontramos dos grandes grupos de obras literarias y populares. Las primeras eran publicada en la «Hoja de Campaña», donde aparecieron algunos villancicos, auténticas joyas literarias, lo cual no es extraño dado el alto porcentaje de escritores y poetas encuadrándose en la citada unidad. Á este grupo corresponden los titulados: «Del pastor y la pastora», «Del milagrero», «De la Fuenfría», «De la sed», «Del corazón», etcétera. El primero comienza:

La nieve rizó sus Copos como lana de cordero
San José la recogía,
la Virgen la fue tejiendo.

El segundo grupo de villancicos, aunque artísticamente carecen de valor, desde el punto de vista histórico y sociológico merecen nuestra atención, pues en ellos se reflejan las filias, las fobias, las inquietudes y, en definitiva, las vivencias de nuestros divisionarios. El Coro «San Fernando», del Círculo «Ruiz de Alda», grabó en 2001 un CD en el que figura precisamente una selección de letras pertenecientes a estos villancicos populares de carácter militar bajo el hombre genérico de «Dale, dale a la zambomba», con el que fueron publicados en la «Hoja de Campaña» número 98 de 1943. Se inicia la colección con esta coplilla:

Esta noche es Nochebuena y aunque en Rusia me cogió
voy a pescarme una «curda», «prima», «gut» y «jarasó».

Los Reyes tienen camellos una «tea» tengo yo
y el sargento de semana tiene mala… malako.

Melchor y Gaspar tuvieron una seria discusión
y Baltasar asustado gritaba: ¡A mí La Legión!

Algunos de estos versos tienen cierto interés filológico, pues en ellos encontramos palabras españolas, alemanas y rusas. Ya en el siglo XVI los soldados de los Tercios Españoles y los lansquenetes mezclaban en sus cantos marciales verdaderos galimatías lingüísticos, vocablos de distintas nacionalidades, hecho que, como hemos visto, se repite en las filas de los voluntarios de la División Azul.

Antonio Mena Calvo
Capitán de Infantería (R)
Profesor de Historia y Estética de la Música Militar

 

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